Todos sabemos que una copa de vino puede ser muy buena para nuestra salud en general. Su consumo con moderación ayuda a prevenir muchas enfermedades cardiovasculares y se ha demostrado que también puede ser de ayuda frente a dolencias y trastornos como la diabetes, la demencia o la osteoporosis. Pero, ¿qué ocurre con nuestra salud bucodental? ¿El vino es bueno o malo para nuestros dientes?

Está claro que el vino, ya sea tinto o blanco, tiene un efecto sobre nuestros dientes. Vamos a enumerar algunas de las consecuencias negativas y posteriormente la positivas, para que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones. Empezamos por sus efectos negativo:

  • La acidez del vino erosiona la capa superior del diente (esmalte) que hace que los dientes cambien de color, algo que ocurre tanto con tintos como con blancos. Lo que hace es mostrar la capa amarillenta de la dentina que descansa por debajo.
  • Los cromógenos del vino consiguen tintar de color nuestros dientes, especialmente el tinto. Cuando se mezclan con los taninos del vino se unen a los dientes dejando ese color rojizo tan característico.
  • A medida que envejecemos, nuestros dientes también lo hacen y se forman grietas en el esmalte que van creciendo en tamaño. Sustancias como el vino penetran en estas grietas y dejan manchas. Su limpieza debe hacerse con un blanqueamiento en clínica, pues el cepillado resulta ineficiente.

Por otro lado, el vino puede aportarnos una serie de beneficios. Algunos estudios demuestran que el vino es uno de los métodos más eficaces para retardar el crecimiento de las bacterias de la boca que se juntan y forman la placa, dañando gravemente nuestros dientes. Aunque esta conclusión ha creado bastante polémica, pues no todo los científicos están de acuerdo con el estudio.

Los polifenoles, que se encuentran en las semillas de la uva, son los responsables de este efecto positivo sobre nuestros dientes. Incluso, los estudios demostraron que el vino sin alcohol también era capaz de reducir o prevenir el crecimiento bacteriano.

Algunos consejos para mitigar el efecto negativo del vino la salud de nuestros dientes:

  • No cepillar los dientes inmediatamente después de beber el vino, pues la acidez del vino cambia el equilibrio del pH de la boca. Al cepillarnos hacemos que esos ácidos se diseminen más.
  • Enjuagarnos con agua para eliminar los cromógenos, los taninos y, en menor medida, también la acidez del vino.